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viernes, 20 de junio de 2014

El instante decisivo después de Google


¿Dónde pasa a residir, entonces, el mérito de la creación? La respuesta parece simple: en la capacidad de dotar a la imagen de intención y de sentido, en hacer la imagen significativa. En definitiva, el mérito estará en que seamos capaces de expresar un concepto, en que tengamos algo interesante que decir y sepamos vehiculizarlo.

Joan Fontcuberta, From Here On.


Robado del facebook que Olmo Gonzalez Moriana

















"La imagen –decía Godard– no pertenece a quien la hace sino a quien la utiliza[1]”. La masificación de imágenes hace que la apropiación parezca “natural”. Tan natural y tan extendida que incluso queda desprovista de radicalidad crítica y de espíritu de transgresión. Es un gesto espontáneo que llegamos a hacer sin darnos cuenta: las imágenes están demasiado fácilmente al alcance de nuestra mano. El ecosistema icónico nos fuerza al reciclaje y al remix.
La misión de los creadores puede entonces también consistir en restablecer un nuevo orden. “Disponemos de suficientes elementos para afirmar que existen catálogos y catálogos: unos nos dicen que el mundo es repetitivo; los otros, que siempre es sorprendentemente distinto.(…) Los criterios de verdad han cambiado: a lo real se opone lo virtual, a una verdad de hechos se opone una verdad de experiencias. Otras instancias también son distintas: a la memoria se opone la comunicación, a la representación se opone la conectividad. Y respecto al tiempo, los instantes decisivos se oponen a los indecisivos.[2]
El registro ya no está reservado a lo extraordinario, y cuando lo extraordinario ocurre queda sepultado por el magma inconmensurable de lo ordinario. “En el reino de la banalidad, los momentos extraordinarios quedan eclipsados”[3].
Las premisas aquí interpelan la gestión de la bulimia y del consiguiente empacho de imágenes. En contrapartida, que hoy sobren imágenes nos obliga también a reflexionar sobre las imágenes que faltan, sobre los déficits significativos: “las imágenes que nunca han existido, las que han existido pero ya no están disponibles, las que se han enfrentado a obstáculos insalvables por existir, las que nuestra memoria colectiva no ha conservado, las que han sido prohibidas o censuradas… Pero en cualquier caso, exceso y acceso siguen marcando la agenda de la cultura visual postfotográfica”.[4]
El valor de creación más determinante no consiste en fabricar imágenes nuevas, sino en saber gestionar su función, sean nuevas o viejas. Con lo cual, la autoría –la artisticidad– ya no radica en el acto físico de la producción, sino en el acto intelectual de la prescripción de los valores que puedan contener o que puedan acoger, valores que subyacen o que les han sido proyectados.

UNA APROXIMACIÓN A LA IDEA DE COMUNICACIÓN MULTIMEDIA
El origen etimológico latino (“multi –‘numeroso’ y ‘media’ plural de médium: ‘medios’, ‘intermediarios’) da claras pistas de su significado esencial: multimedia es aquello que se expresa, transmite o percibe a través de varios medios. El Cambridge International Dictionary define el término como “el uso de una combinación de imágenes estáticas y móviles, sonido, música y palabras, especialmente en ordenadores o entretenimiento”.[5] Esta parece ser la definición más ampliamente aceptada, así, ya en 1994, Tony Feldman escribía el multimedia como “una integración sin fisuras de datos, texto, imágenes de todo tipo y sonido en un único entorno digital de información”.[6]
Un producto informativo que sólo permita acceder a un texto, a un vídeo y/o a una grabación de sonido por separado no se puede considerar propiamente un mensaje multimedia; se trata simplemente de un conglomerado desintegrado de mensajes informativos independientes, algo que, como apunta Pérez Luque, cabría designar más propiamente como many media[7]. Por resumir, las claves de lo multimedia en el plano comunicativo según Salaverría se reducirían básicamente a dos: información en multi-código y unidad comunicativa.[8]
Cuando se habla de multimedia en el ámbito de la comunicación se alude a dos realidades, por un lado a los lenguajes y por otra a los medios. En el plano de los lenguajes o plano comunicativo, el adjetivo multimedia identifica aquellos mensajes informativos transmitidos, presentados o percibidos unitariamente a través de múltiples medios. En el plano de los medios, que por concretar denominaremos plano instrumental, multimedia equivale a los “múltiples intermediarios” que pueden participar en la transmisión de un producto informativo[9], tanto si este producto es multimedia en el sentido comunicativo como si no lo es. [10]
Si bien la integración instrumental ha avanzado enormemente en los últimos años, la integración comunicativa progresa con mucha más lentitud.  Hoy en día lo más común es encontrarse con grupos empresariales de comunicación que todavía no han conseguido desarrollar productos informativos multimedia integrados en términos comunicativos.
Por unidad comunicativa entendemos la cualidad de algunos productos informativos de conformar un significado único mediante la armonización de diversos elementos informativos comunicados a través de diferentes códigos. Para alcanzar esta armonización es preciso observar, entre otras, ciertas cualidades como la no-redundancia excesiva entre los mensajes expresados a través de cada código, la complementariedad de esos mensajes hacia la consecución de un objetivo informativo común o la cesión del protagonismo a aquel código que en cada caso sea el más pertinente.
La prensa  y la televisión llevan años experimentando con formas básicas de comunicación multimedia. La diferencia en la actualidad es que las pautas que se han de desarrollar con las nuevas redes digitales ya no afectan sólo a dos códigos, como ocurría con el binomio de “texto-imagen” en la prensa y con el de “imagen-sonido” en la televisión y en el cine. La tecnología digital ha puesto sobre la mesa el reto de desarrollar nuevos lenguajes informativos que permitan integrar adecuadamente múltiples códigos (texto, imagen, sonido, y recientemente, el data visualization). En este sentido, coincidimos con Xosé López cuando señalaba que en el cambio de siglo uno de los principales desafíos consiste en fomentar la innovación con los lenguajes y los productos para descubrir nuevas formas de contar historias, permitir la interactividad con calidad mediante nuevas herramientas y en nuevos soportes.[11]
En su libro Sobre la música, reflexiones alrededor de la música y el audiovisual, Jaume Radigales también reflexiona sobre la composición ‘nueva’ en palabras que bien podrían aplicarse a la composición de nuevos textos multimedia por parte del periodista. Radigales se refiere a la búsqueda de una música ‘nueva’ basada en la búsqueda de la objetividad desarrollada por Adorno Y Eisler. No se trata de una objetividad hueca, o que esta implique un distancia emocional por parte del compositor – o del periodista – sino de “escoger conscientemente la actitud necesaria en cada circunstancia, en lugar de incurrir en clichés. (…) El material musical ha de adaptarse exactamente a las tareas musicales que se impongan en cada caso”[12], del mismo modo que las herramientas para el uso de la construcción de un multimedia deben adaptarse a la tarea periodística impuesta por cada historia en particular.
“Precisamente”، prosigue Radigales، “el aspecto artístico enfrontado al maquinístico, reivindicado por Adorno y Eisler, los hace remitir a la forma sonata, bitemática, que ha imperado a lo largo de las composiciones musicales durante casi 300 años. Para Adorno y Eisler, las breves composiciones que integran la totalidad de la partitura cinematográfica han de mantener la forma sonata des del punto de vista estructura (y no tanto tonal), por tal de evitar la excesiva fragmentación que podría llevarnos a una composición poti-pourri. Así mismo, la forma sonata como eje esquemático matriz permitirá alejarse del modelo de música incidental, de comentario, de elementos excesivamente poetizante, que serían un lastre para las funciones de la música respecto a la imagen”.[13]
Anteriormente hemos desarrollado la idea de cosmopolitismo imaginario. David Casacuberta, en su libro Creación colectiva. En Internet el creador es el público nos advierte de lo que él denomina falsas revoluciones que serían el multimedia, la interactividad, el hipertexto, la anarquía digital, el escapismo, la velocidad y la desterritorialización[14]. Según Casacuberta hay varias confusiones “La primera y más central es confundir la cultura con sus soportes, la segunda es suponer que los medios digitales son inmutables y la tercera es olvidar la historia que, como dijo Santayana, los que los hacen están obligados a repetirla”.
Casacuberta arremete contra aquellos que definen la cultura digital exclusivamente en base a su relación con la tecnología argumentando que según dichos parámetros, cualquier cosas hecha con un ordenador se convierte en cultura digital. Y no es el caso. “Lo peor” prosigue Casacuberta “ es que entonces los analistas quieren extraer información de donde no la hay, y así empiezan a hablar de los ceros y unos, de JODI, pensando que están diciendo algo informativo, aunque que sea tan pobre como decir: las vocales y las consonantes de las obras de Cortázar”. [15]
Para cubrir esta brecha informativa, Casacuberta propone al término ‘cultura digital’ la siguiente definición: “Por ‘cultura digital’ queremos decir algo más que “cosa hecha con un ordenador”, estamos también apuntando a una forma concreta de tratar el material, a un estado mental y determinado en la forma en que el creador construye su producto y el público interactúa con él”[16]
Asa Briggs y Peter Burke coinciden en esta misma línea de pensamiento y en el libro De Gutenberg a Internet añaden “La formidable capacidad de la tecnología de base informática para presentar todos los problemas de información en forma digital, procesarlos, transmitirlos, comprimirlos y almacenarlos, tendió a desplazar la atención del público del tipo de información que se transmite –su contenido- a la capacidad para representarla mediante la informática en forma digital como ceros y uno… En adelante, el contenido no determinará los modos de transmisión.”[17]
Volvamos pues, a las falsas revoluciones de Casacuberta. El autor plantea muchos ejemplos de comunicación multimedia pre-digital que pueden englobarse bajo una misma premisa “la idea de mezclar imágenes reales, animaciones y sonido, es tan vieja como el cine. El hecho de que en un videoclip de los Chemical Brothers aparezcan esqueletos bailando creados digitalmente no significa que animar esqueletos sea algo posible sólo gracias a los ordenadores. Ray Harrihausen había hecho lo mismo en 1957 en su película El séptimo viaje de Simbad, con un recurso nada digital pero sí muy poderoso de la animación: el stop-motion”[18].




El séptimo viaje de SimbadRay Harrihausen (1957)


[1] Jean Luc Godard en la rueda de prensa de presentación de Notre Musique en el Festival de Cannes 2004
[2] FONTCUBERTA, From Here On, Instantes indecisivos, Ibid 124
[3] Ibid
[4] Ibid Epílogo p.126
[5] Cambridge International Dictionary (Online) (2000): Cambridge: Cambridge University Press. http://dictionary.cambridge.org/define.asp?key =multimedia*1%2B0.
[6] FELDMAN, Tony, Multimedia, Londres, Blueprint,1994 p. 4
[7] PEREZ LUQUE, María José, El periodismo y las nuevas tecnologías, Pamplona, Newbook Ediciones,1997,  p.198
[8] SALAVERRÍA, Ramón, Aproximación al concepto de multimedia desde los planos comunicativo e instrumental, Universidad de Navarra, 2001 <http://hdl.handle.net/10171/5068>
[9] XIE, Geoffrey, "Introduction to multimedia" documento online <http://faculty.nps.edu/xie/cs3202/notes_html/tsld001.htm>
[10] SALAVERRÍA, Ibid
[11] LÓPEZ, Xosé, Nuevos soportes para un periodismo necesitado de reflexión crítica, en Revista Latina de Comunicación Social, núm. 31 La Laguna, Tenerife, 2000 <http://www.ull.es/publicaciones/latina/aa2000kjl/z31jl/83xose.htm>
[12] ADORNO, Theodor, EISLER, Hanns, El cine y la música, Fundamentos, Madrid, 1981 p. 52 citado en Jaume Radigales, Sobre la música, Reflexions a l’entorn de la música i l’audiovisual. , Barcelona, Tripodos, 2002 p.137
[13] RADIGALES, Jaume, Sobre la música, Ibid
[14] CASACUBERTA, David, Creación colectiva. En Internet el creador es el público. Barcelona, Gedisa, 2003 p. 42
[15] Ibid p. 43
[16] Ibid
[17] BRIGGS, Asa,  BURKE, Peter, De Gutenberg a Internet. Una historia social de los medios de comunicación, Madrid,Taurus, 2002 p. 301
[18] CASACUBERTA Ibid p. 45

miércoles, 26 de febrero de 2014

A bathroom situation con Diego Etxebarria


* Todas las imágenes son de Diego Etxeberria 

Hace unos meses el maravilloso equipo de Publications for Pleasure me propuso colaborar en Minor, y así fue como llegué al tumblr de Diego Etxeberria. Me proponían un juego de relaciones vivenciales con las características de las fotos de Diego Etxeberria. Sin filtros, ni retoques, ni perfección artificial. Para titular el texto usaríamos una foto de Diego. 
La mirada de Diego me parece maravillosa, desde ese primer encuentro sus fotos de lavabos, gente meando, y situaciones de cuarto de baño en general son mis favoritas. 

Así de bonito quedó. 

















Ésta fue la foto. 



Éste fue el texto. 
Las traduccion se la tengo que agradecer a Bea Bascuñán y a Cristina Arbués. 

***
Llegué a Hanoi en Febrero con la maleta llena de camisetas, shorts, vestidos vaporosos y un único par de tejanos que a los quince días de sucios andaban solos. ¿Clima tropical? los cojones. Era invierno y hacía un frío húmedo y antipático. Llegué de noche después de varios aviones seniles y aeropuertos deprimentes. Llegué de mal humor. En la aduana grité inútilmente a un policía feo y con la cara llena de grasa que apestaba a alcohol y que había decidido unilateralmente modificar la vigencia de mi visa. Yo sólo quería llegar. Descargar las maletas, comer, una buena ducha, fumar.

Al llegar a mi nuevo hogar vi que mi maleta, mi comida, mi ducha, mis cigarrillos y mi vida sucederían de ahora en adelante en un pequeñísimo apartamento abarrotado de chavales de movilidad muy reducida. Niños y niñas con sus respectivas sillas de ruedas y sus rollos de adolescentes. La comida me sabía a muerto y a jabón porque odio el pescado y el cilantro y en Vietnam lo rocían todo con esa maldita hierba y con una salsa maloliente e intensa que proviene precisamente de los juguillos del pescado pudriéndose al sol. Quise ducharme. El baño era un espacio húmedo y viscoso que olía como se supone que puede oler un baño ocupado por catorce adolescentes. No había bañera ni plato de ducha ni cortina, sólo un taburete de plástico blanco. El agua caía directa sobre el suelo y salía por un pequeño desagüe. Cerré el pestillo, me desnudé, puse una camiseta sobre el taburete para poder reposar mis nalgas europeas sobre algo conocido y lloré por haber caído muerta en semejante agujero.

Un par de meses después ya estaba más o menos adaptada a la locura hanoiana. Llegó la primavera y la vida cobró sentido: los fideos con pollo, el tofu frito con tomate y otros manjares libres de cilantro aparecían como platos deliciosos. Andar medio desnuda por la calle era liberador. Durante el día me divertía con los niños y por la noche engullía feliz una piña colada tras otra con nuevos amigos de otras ciudades, con otros destinos. Era razonablemente capaz de decir alguna palabra en vietnamita, especialmente nombres de frutas. Por supuesto también seguía quejándome de la comida, del hedor de las cosas, y de la poca eficiencia de la población local, una inmensa lentitud que irremediablemente parecía tender a la nada.

Hambrienta, viajé. Primero en coche hasta la frontera con Laos, luego en furgonetas, rancheras y autobuses cruzando el norte de Laos hasta llegar al Mekong para ver las lejanas montañas llenas de niebla de China y la frondosa selva de Birmania al otro lado del río. Navegué por los rápidos a bordo del barco de un pirata tailandés y vi como el río se ensanchaba desde otro barco con asientos como butacas de cine. Crucé otra frontera más des de un autobús puesta de alprazolam junto al hombre que amo. Recorrí 800 kilómetros compartiendo una moto diminuta junto a otras dos personas más para ver un templo en guerra. Pagué un dineral por un plato de arroz blanco con gallina en un campo de refugiados. Cogí pulgas por montar un elefante y me picaron cincuenta veces en cada pierna. Hice el amor casi cada día, gané algunos quilos y fumé toda la hierba que pude. Seguí viajando en coche, en moto, y el autobús quilómetro tras quilómetro hasta llegar al océano. Decidí que a los ochenta volvería a Cambodia para pasar los últimos años de mi vida fumando opio bajo una palmera.

Durmiendo en cabañas de bambú por seis dólares la noche las prioridades cambiaron, lo esencial fue el paisaje, el sonido, el río, la selva; una mesa para jugar a cartas, un buen desayuno, una dulce borrachera. El plato de ducha parecía una cosa inmensamente lejana y ridícula, las letrinas, sin embargo, eran una realidad tan difícil de ignorar como los insectos, como el calor. Baños reducidos a su mínima expresión: un agujero, una caja de madera con un agujero, a veces algunas plantas para adornar.

Casi al final del viaje, con la piel quemada del sol y las piernas llenas de pelos volví a dormir en una cabaña de baño aristocrático. Fuera diluviaba. Hice el amor toda la noche, por la ventana entraba el olor de la lluvia monzónica.



***


I arrived in Hanoi in February with a suitcase filled with shirts, shorts, sheer dresses and just one pair of jeans that were filthy in just two weeks. Tropical climate? My ass. It was winter and the cold was damp and unfriendly. I arrived at night, after several senile planes and depressing airports. I was in a bad mood. At Customs I yelled, helplessly, at an ugly police officer with a greasy face and that stank of alcohol who had, one-sidedly, decided to change my visa’s validity. I only wanted to get there. Undo the suitcases, eat, take a nice shower, have a smoke. 

When I made it to my new home I realised my suitcase, my food, my shower, my cigarettes and my life would from now on occur in a tiny apartment, jammed with kids with a very reduced mobility. Boys and girls with their corresponding wheelchairs and their teenage stuff. The food tasted like death and soap because I hate fish and coriander, and in Vietnam they spray everything with that stupid herb and with a smelly and intense sauce that comes precisely from the juices that are produced by fish rotting in the sun.

I wanted to take a shower. The bathroom was a humid and sticky space that smelled how a bathroom occupied by fourteen teenagers is supposed to smell. There was no bathtub, no shower tray, no curtain: just a white plastic stool. Water fell directly to the floor and it went out through a small drain. I locked the door, got undressed, placed a shirt over the stool so that I could position my European buttocks on something familiar, and I cried about having ended up in such a dump. 


A couple of months later, I had more or less adapted to the Hanoian madness. Spring came and life took on another meaning: noodles with chicken, fried tofu with tomato and other feasts, free of coriander, which appeared as delicious meals. Walking down the street half naked was liberating. During the day I had fun with the kids and at night I happily downed piña coladas with new friends from other cities, with different destinations. I was reasonably capable of saying a few words in Vietnamese, especially fruit names. I of course continued to complain about the food, the stench of things, and of the inefficiency of the local population: an immense slowness that unavoidably seemed to lead to nothingness.

With hunger, I travelled. First I did it by car up to the Laos frontier, then in vans, station wagons and buses as I crossed the north of Laos up to reaching Mekong – to see the far-off mountains, surrounded by the Chinese mist and the thick Burmese jungle at the other side of the river. I navigated the rapids on board of the boat of a Thai pirate and I witnessed the river expanding from another boat, with seats that resembled those of a theatre. I crossed another border on a bus, high on Xanax next to the man I love. I went through 500 miles sharing a tiny bike with another two people, to see a temple at war. I paid a fortune for a dish of white rice with hen at a refugees’ camp. I caught fleas riding an elephant and they bit me fifty times on each leg. I made love almost every day, I put on a bit of weight, I smoked as much weed as I could. I continued travelling by car, by bike and by bus, mile after mile until I reached the ocean. I decided that when I turned 80, I would go back to Cambodia to spend the last years of my life smoking opium under a palm tree. 


Sleeping in bamboo cabins for six dollars the night, my priorities changed: the scenery, the sounds, the river, the jungle were the essentials. A table to play cards, a good breakfast, a sweet drunken night. The shower tray now looked like an incredibly distant and ridiculous thing… the latrines, though, were in fact as difficult to ignore as the insects, or as the heat. Bathrooms reduced to the bare minimum: a hole, a wooden box with a hole - sometimes some plants for decoration.

Towards the end of the trip, with a skin burnt by the sun and hairy legs, I slept one more time in a cabin with an aristocratic bathroom. It was pouring outside. I made love all night, and through the window came the smell of the monsoon rains.




***




La presentación de Minor en Impossible Barcelona fue al más puro estilo Diego Etxeberria. Cerveza, gente guapa y cámaras desechables. Podéis ver más fotos del evento en el facebook de Publications for Pleasure. Y por supuesto las de Diego Etxeberria en su tumblr. Aquí y aquí. 

Si queréis un ejemplar de Minor podéis encargarlo online desde la web de Publications for Pleasure. Serán los 12 euros más bien invertidos de vuestra vida. 








jueves, 13 de febrero de 2014

Minor, Hanoi y el placer de publicar

 Mònica Figueras


























He necesitado una foto de Diego Etxebarria para empezar a escribir sobre Asia dos años después de mi regreso. Aquí va un pequeño adelanto de mi colaboración con Publications for Pleasure en su tercera publicación, MINOR: A publication made of brief stories from images by Diego Etxebarria.

<< Hambrienta, viajé. Primero en coche hasta la frontera con Laos, luego en furgonetas, rancheras y autobuses cruzando el norte de Laos hasta llegar al Mekong para ver las lejanas montañas llenas de niebla de China y la frondosa selva de Birmania al otro lado del río. Navegué por los rápidos a bordo del barco de un pirata tailandés y vi como el río se ensanchaba desde otro barco con asientos como butacas de cine. Crucé otra frontera más des de un autobús puesta de alprazolam junto al hombre que amo. Recorrí 800 kilómetros compartiendo una moto diminuta junto a otras dos personas más para ver un templo en guerra. Pagué un dineral por un plato de arroz blanco con gallina en un campo de refugiados. Cogí pulgas por montar un elefante y me picaron cincuenta veces en cada pierna. Hice el amor casi cada día, gané algunos quilos y fumé toda la hierba que pude. Seguí viajando en coche, en moto, y el autobús quilómetro tras quilómetro hasta llegar al océano. Decidí que a los ochenta volvería a Cambodia para pasar los últimos años de mi vida fumando opio bajo una palmera. >>












MINOR / ISSUE NUMBER 3 / BUY IT HERE


Collaborators in this issue: 
Diego Etxeberria, Alba Yañez, Hye Min Kwon, Marta Delatte, 
Carlos J. Navarro, Bea Bascuñán
-
Moments with no beginning or end that are open to any interpretation. Moments where homes, cities, routes and people intertwine, intending to go further. Minor is a staging of moments captured by Diego Etxeberria with his private collection of disposable cameras, and something more. An instant, two, three: a story.

*Texts in the publication are both in english and spanish.
52 pages / full colour / 21x29,7 cm. / screenprinted covers / limited 500 copies

Publications for Pleasure es un sello editorial creado por 



 MINOR

martes, 11 de febrero de 2014

Bad (muslim) girls do it well

 fotografía de Hassan Hajjaj























                        
Hace unas semanas publiqué en PlayGround una columna sobre la iniciativa #StopGordofobia en la que comparaba el rechazo a la gordura con el rechazo al velo y me quedó muy claro que hay gente, desde Julia Otero hasta Sara (la chica que dejó el comentario en PlayGround) que aún confunde la velocidad con el burka y con el tocino. Así que en este post no vamos a hablar de filosofía del lenguaje, vamos a dejarlo senzillico y com muchos dibujos: Érase una vez el complejo mundo contemporáneo más allá de tu ombligo. 


1. Empezando por lo básico. Tipos de velo islámico. 
NO confundir el Niqab con el Hiyab, es una herejía nivel creer que la paella lleva cebolla. He visto a turcas en Berlín llevar el hiyab a juego con los zapatos de tacón petándolo infinito, generalmente en colores más bien fluor. Desde entonces siempre me he preguntado cuánto tardará la moda en democratizarlo para poderlo llevar cuando me apetezca sin parecer irrespetuosa. Me parece una prenda hermosérrima.




2. ¿Que dice la mujer musulmana sobre el velo?
Evidentemente esta infografía deja fuera muchos países y muchas mujeres y nos revela pocos datos sobre la muestra, pero menos da una piedra. Sí nos sirve de referencia para visualizar las diferencias territoriales y entender que hay muchas maneras de ser musulmana y de vivir el islam.  Natalia Andujar y Brigitte Vasallo han escrito largo y tendido sobre el tema. No es que espere que os pongáis a buscar como si no hubiera un mañana, pero no será porqué no os lo ponemos fácil.






3. Live fast die young, bad (muslim) girls do it well
La primera vez que ví el videoclip de Bad Girls de M.I.A estaba en Sarajevo, fue el invierno que nevó infinito, hace un par de años. Las sarajevitas son muy presumidas y han sido bendecidas con la estatura y la piel de porcelana eslava. Mis amigas bosnias encontrándose con el arabic gangster chic fue algo muy grande de ver.  Aquí os dejo el "Behind de Scenes".




4. The motorbike girl gangs of Morocco
Luego gracias a Mireia Gallardo, uno de las gratas novedades que ha traído 2014 a mi vida, supe de el fotógrafo Hassan Hajjaj y sus fotografías de moteras en Marrakech. Para que luego venga Julia Otero a liberarlas...


 fotografía de Hassan Hajjaj





















5. Salam Sister
Hace un par de años, cuando empezaban a verse mujeres empoderadas con velo @cerodeinteres y una servidora reflexionamos un poco sobre el tema y nos salió este bonito ensayo audiovisual




Esperamos que os haya servido de ayuda y no deis más por saco con el tema.
     Paz y amor para todxs.


     · Insha'Allah ·


 fotografía de Hassan Hajjaj






viernes, 17 de enero de 2014

Pornografía de la imagen: La representación de la miseria y lo miserable

Nathan Weber

La primera vez que fui a Bosnia fue con @cerodeinteres en el 2007. Veníamos de pasar seis meses de júbilo (erasmus) en Portgual y no nos apetecía nada endosarnos una pulsera y beber mojitos en la Riviera Maya con una gente que no eran nuestros amigos. Decidimos ir a Bosnia, algo que nos parecía más lógico para culminar nuestro paso por la facultad de Periodismo.
A Bosnia uno puede ir tranquilamente y explorar por donde le plazca y preguntar a la gente las dudas que le vayan surgiendo, pero entonces no lo sabíamos, así que nos apuntamos a un “Workshops de fotoperiodismo” de pacotilla que nos garantizaba transporte, comida, “contactos” y “tutelaje”. Zarpamos en un grupo de tres furgonetas que a las 30 horas de viaje se establecieron como tres familias (uno sabe que es familia cuando comparte comida y habla si ha hecho o no ha hecho caca).  Cruzar la frontera de Welcome to Bosnia Herzegobina ya fue bastante shock. Los únicos restos de balazos en asfalto y casas que habíamos visto eran los de las reliquias de la guerra civil española. Aquello estaba mucho más reciente y se sentía más real. Aquel momento ya nos descubrió a cada uno como el fotógrafo que era. El que primero observa y luego dispara, o el que primero dispara y luego, con suerte, reflexiona. No recuerdo que hubiera el tipo de fotógrafo que decide no hacer la foto.
Sí recuerdo el momento en que Lurdes R. Basolí, una fotografa a la que admiro mucho, me explico aquella foto que había decidido no disparar en Venezuela. Esa decisión vino luego de un profundo conocimiento de la realidad que estaba documentando en los barrios más pobres de Caracas y una intachable ética profesional, adquirida educando la mirada con los años. 
Esto me remite a la gran cuestión que intenta responder @cerodeinteres en su tesis doctoral: Un texto periodístico se supone sujeto a una deontología concreta.  ¿Dónde nos amparamos cuando iniciamos una reflexión sobre ética de la imagen?  ¿Qué ética estamos exigiendo a los fotoperiodistas?

Cada vez que veo la foto de Nathan Weber (y la he visto ya muchísimas veces compartida por varios amigos de Facebook desde 2011 ) no puedo dejar de pensar en esa vez que nuestras tres furgonetas (aproximadamente 30 cámaras)  llegaron a Srebrenica en 2007. Todos fotografiando aquel campo de tumbas sintiendo que era lo más cerca que habíamos estado de la guerra. Fue un espectáculo grotesco, por el número de personas que éramos, y por la actitud de algunos de los que nos acompañaban. Por si no están muy puestos en los ritos fúnebres que se realizan en Srebrenica, sólo voy a decirles que cada once de julio decenas de familias viajan de todo el país para enterrar a sus familiares muertos durante la masacre del 95. Los familiares que finalmente han podido ser identificados. Eso nos deja con tumbas viejas que ya reposan tranquilas, y tumbas frescas con la tierra aún por asentar. Las primeras son de mármol, las segundas de madera. Mucho por fotografiar. 
Uno de nosotros (no recuerdo el nombre, sino estaría encantada de buscar el Google qué ha sido de él) pisó una de las tumbas frescas para obtener una buena foto, bien a ras de suelo, para obtener una buena perspectiva. Un bonito golpe de efecto para compensar la cantidad de cámaras que había alimentándose de la misma escena.
Si la imagen de Paul Hansen es una representación de la miseria, la de Nathan Weber forma parte de lo miserable.  

Paul Hansen





[1] http://www.worldpressphoto.org/lurdes-basoli