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lunes, 9 de junio de 2014

MySónar: GenderHacking, Hombres hermosos

Te puedes hacer mayor en Sónar. Puedes hacer negocios en Sónar. Puedes hacer contactos para tu doctorado en Sónar. 


Tres días para que el festival de festivales abra sus puertas un nuevo año y ya tengo mi asiento reservado en el workshop Hack School for Women. Bien. 

Hace un año por estas fechas estaba en un infierno de referencias bibliográficas y notas al pie terminando el primer intento de tesina. Poco antes del Sónar me reuní con mi tutor. Mi texto era una mierda ininteligible que os he ido desgranando en el blog  porque una madre nunca reniega de sus retoños aunque la gente los encuentre feos. 

Luego escribí otra tesina. Luego redacté una propuesta de investigación que era una suma de las dos tesinas. Alguien en el Norte de Inglaterra entendió algo, y ahora me han dado una beca.  Hace un año Sónar fue un punto de inflexión y una jodida catarsis personal y académica. Se pueden tener catarsis académicas en Sónar Pub. 

Entonces celebrábamos el 20 aniversario del festival, la gran fiesta, muchos cambios. Los más notables bajo mi punto de vista fueron dos: la reubicación de Sónar de Día en Fira de Barcelona que nos libraba finalmente del sudor de los ingleses en el SónarVillage del CCCB (allí ya había demasiada intimidad); y el auditorio del SónarComplex, que además de estar muy cerca de todas las actividades del Sónar+D (gracias, muchas gracias, de verdad) se ha convertido en uno de mis espacios favoritos para poder llegar a la noche con la máxima dignidad posible y aprovechar los días para hacer algo más que gambitear. Aún así, organizar la agenda cuando se pretende atender al festival y al congreso es un calvario porque llegan a coincidir cosas como la mesa redonda de Women Hackers (Ciberfeminismo, hacktivismo, cultura abierta y educación tecnológica libre) con el show de Daito Manabe (video mapping, danza contemporánea, performance) y una se queda con el corazón un poco roto. Despacio coincide con TODO. 

El año de la catarsis mi marido hizo unas fotos preciosas de hombres hermosos. No recuerdo si la última se la hice yo a él o fue un esporádico motivado, pero es mi lista, y es mi marido, y es mi fiesta. Y lloraré si quiero.  
















jueves, 27 de febrero de 2014

Deconstruyendo el género desde la moda



Ayer me estrené en VICE con un texto sobre el consumo de testosterona en la comunidad trans y hoy he amanecido cantando "So come on in an'play me, Le Jazz Hot baby"

Vaya por delante que Victor/Victoria es una de mis películas favoritas desde la infancia. Que aunque no tenga mucho que ver con la testosterona sí que tiene que ver con la masculinidad y con lo que la sociedad considera un comportamiento masculino aceptable. Y que posiblemente lo poco o mucho de queer en mi deba agradecérselo a mujeres como Coco Chanel, July Andrews, Marlene Dietrich, Katharine Hepburn y tantas otras que empezaron a cuestionar el género vistiendo de una manera inesperada. Deconstruir el género desde la moda puede parecer una banalidad, pero aquí estoy, recordando hoy a mis 31años una película que desenmascara la cruda realidad de la pobreza y cuestiona las normas de género, que vi por primera vez cuando era niña y estaba muy a favor del rosa y del charol en general, y que hoy me sigue pareciendo un clásico en toda regla. 

El personaje que interpreta July Andrews no se siente hombre, no tiene un problema de reconocimiento identitario: Victoria pasa a ser Victor por una cuestión de hambre y de supervivencia, pero lo interesante en este caso no son los motivos, sino el resultado y la metodología. Lo interesante de todas estas mujeres que han cuestionado el género desde la moda es su innegable aportación a la posibilidad de fluctuar entre los géneros desde la construcción de nuevas identidades que dejan de entenderse como algo terminado, cerrado, inmóvil, y pasan a ser un elemento de juego y de reinvención de nuestro lugar en el espacio público. 



Si antes podíamos identificarnos como hombres o como mujeres, ahora gracias a Facebook, que ha anunciado cambios en las opciones de género de nuestro perfil, tendremos más de cincuenta opciones para todo el asunto. El género desde todas las perspectivas posibles.

El gesto de Facebook Diversity ha hecho un gran favor al colectivo LGTB y a aquellos que llevan tiempo haciendo terrorismo de género, como el colectivo queer. De la noche a la mañana la cuestión de las identidades se ha convertido potencialmente en tendencia. Los medios, incluso los serios pero políticamente correctos, se esmeran en explicarnos que la identidad de género y la identidad sexual son cosas diferentes, y que no tienen nada que ver con el sexo biológico. Mientras todo esto ocurre, el trato a las personas trans a nivel médico y a nivel social todavía no ha llegado al s.XXI.





Hoy el protocolo médico oficial es un largo camino en tres fases: psiquiatría, endocrinología y cirugía. Psiquiatría te evalúa en función del Test de la vida real, que analiza tus comportamientos de género en base a respuestas de verdadero o falso frente a afirmaciones tipo “Me gustaría ser piloto en competiciones automovilísticas”. Si dudas entienden que no eres suficientemente hombre, ni suficientemente mujer, ni todo lo contrario. Y vuelves a la casilla de salida.

Si miramos un poco atrás nos damos cuenta de que no es ninguna novedad. Hasta 1990 la OMS consideró la homosexualidad como una enfermedad. En el DSM (La Biblia americana de los trastornos psiquiátricos) se hicieron algunos cambios en los 70, pero más que cambios fueron parches. Se mantuvo la descripción de la patología y se le cambió el nombre. De homosexualidad pasamos a transexualidad. Y así sigue.