Mostrando entradas con la etiqueta música. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta música. Mostrar todas las entradas

domingo, 6 de julio de 2014

El triunfo de la mirada interdisciplinar



El nombre de Laia Abril salió a relucir en otoño de 2011 mientras considerábamos la lista de artistas para la muestra de fotografía contemporánea de la edición del Sarajevo Winter Festival 2012. Habíamos visto el teaser y las fotos de comunicación de su multimedia A Bad Day, y conociendo su trabajo muy intimista y verdaderamente interdisciplinar, contactamos con ella para acceder al visionado completo del multimedia. 
Rápidamente tuvimos claro que A Bad Day se proyectaría el tercer día, en una selección titulada La Luz en la encrucijada[1] que recogía trabajos remarcables en la exploración de los límites de la fotografía contemporánea. Su paso por Colors y por Fabrica, dos centros que históricamente han potenciado el diálogo entre todas las artes, junto con la habilidad de Laia como narradora, habían dado como resultado un multimedia excelente.
Laia y yo coincidimos en la Universidad pero fue a partir de nuestro encuentro en Sarajevo que empezamos a mantener el contacto. En cierto modo puede decirse que la ciudad nos unió de alguna manera, y que por eso he querido volver a sentarme con ella  y con Pablo Pastor, su editor,  y hablar sobre determinados aspectos relacionados con la concepción y la edición de A Bad Day, y sobre su manera de entender la comunicación multimedia
LAIA: “Yo tengo un background muy tradicional. Estudié periodismo, pero no se me daba bien escribir. Entonces poco a poco empecé a pensar que la fotografía podía ser la herramienta que me ayudara a explicar estas historias. Utilizando esta herramienta, me di cuenta de que me era igual utilizar las palabras, la imagen o el vídeo, que simplemente lo que me interesaba era explicar la historia. Si para explicar esta historia necesitaba hacer uso de imagen en movimiento, fotografía, texto, o dibujar - por decirlo de alguna manera - , no me importaba”.
Su primer contacto con el vídeo y con el multimedia fue con el encargo de la revista Colors para el número sobre el mar, la historia ubicada en el Líbano consistía en realizar el seguimiento de una anciana que nunca había visto el mar desde su pueblo hasta una playa en Beirut. La primera vez para la mujer libanesa, la primera vez para Laia. 


I've never seen the sea / COLORS 77 The Sea from laia abril on Vimeo.

Laia lo recuerda como un fracaso del que puedes aprender: no pudo estar al 100% filmando y tomando fotos a la vez trabajando con las prisas de una edición por cerrar.
Cuando llegó A Bad Day había aprendido de los errores. Se tomó su tiempo y consideró todas las opciones. “Obviamente como fotógrafa en proceso, en aquel momento la fotografía era lo más importante para mí y quería desarrollarme como fotógrafa. Hasta que llegó éste proyecto en concreto, el proyecto de A Bad Day. Explicar lo que era la bulimia con fotografía me parecía algo muy complejo, entonces fui a hacer la historia sobre esta chica en Edimburgo, a sabiendas que seguramente acabaría usando otras técnicas para explicarlo, porque era un tema muy complejo, muy introspectivo, muy psicológico, y a pesar de que yo podía narrar fotográficamente lo que estaba viendo, había muchos aspectos interiores de ésta chica que yo no me veía capaz de mostrar con la fotografía. La fotografía no era suficiente para explicar lo que estaba sucediendo. Sabiendo esto, empecé a tomar fotografías de un modo mucho más cinematográfico, en secuencias. Para las entrevistas usé vídeo”.

Su primer impulso fue registrar la voz de Jo, y ese primer impulso que Klinkerborg nos recomendaba en su artículo sobre el sonido y la memoria se mantiene y se respeta en la dirección del multimedia. “Para mí era muy importante grabar las entrevistas porque quería usar el sonido, aún no estaba muy segura de si acabaría usando la imagen. Y llegó un punto en que estaba con ella durante tantas horas que empecé a grabar vídeo también porque me estaba repitiendo como fotógrafa, y  me di cuenta de que grabando en vídeo estaba enseñando cosas que no estaba enseñando con la fotografía. Entonces empecé a grabar vídeo también intencionadamente. Al volver, tenía las fotografías, tenía la entrevista, que era bastante larga porque estuve con ella bastantes días, tenía estas micro piezas de vídeo”,  y por suerte tenía un editor que la ayudó a condensar toda esa experiencia en algo a lo que nosotros también pudiéramos llegar.
El trabajo de Pablo Pastor fue acompañar a Laia en todo el proceso de descarte y orden, transportar el ritmo de su vivencia al montaje. El hecho de que tanto Laia como Pablo fueran conscientes de la importancia del diseño – de la arquitectura – de la narración que tenían entre manos hizo fluir la colaboración participativa entre dirección, edición y diseño de sonido. “Cuando llegué con todo ese material, quise incluir una cuarta herramienta que fue la música. Tuve la suerte de contar con un editor de vídeo, y de estar en un complejo donde también podía acceder a editor musical, a un compositor. Pudimos trabajar con el compositor y con el editor de vídeo para hacerle entender el tipo de música que queríamos”.
El sonido ejerce un papel fundamental tanto en la estructura del multimedia como en la inmersión hacia la historia y la atención hacia el personaje. En la historia, el diseño de la cual forma una narración compuesta a partir de fotografías, capturas de vídeo, música y fragmentos de sonido ambiente, el absoluto protagonista es la voz de Jo, que dirige toda forma narrativa. Las herramientas – fotografías, sonido, diseño – tienen una función clara: desarrollar una historia compleja de manera clara. Hacer que su voz se oiga mejor, que su historia se escuche en mejores condiciones, que información sobre una enfermedad llena de mitos llegue al máximo de gente posible.
En su web Laia escribe que la intención detrás del proyecto fue “capturar los sentimientos y comportamientos contradictorios que (Jo) experimenta a diario” pues a su entender esto “hace que se tome consciencia sobre ésta enfermedad para que la audiencia puede empatizar con las chicas que la padecen”.
Los comportamientos contradictorios de Jo (esperanza/frustración) hacia su cuerpo que no dejan que se desarrollarse como bailarina, hacia su familia que la hace sentir estúpida, hacia su aspiración a vivir con una normalidad que no parece alcanzar nunca, hacia la fe en Dios que abandona cada vez que empieza a comer sin freno. 
La exhalación que abre el multimedia es un indicio que señala hacia la angustia de ésta pulsión entre partes contrarias, un indicio que encontramos al principio y al final de la pieza contribuyendo a la idea de continuidad (un día en la vida de Jo al que se sucede otro día exactamente igual) la repetición del primer tema musical en los créditos subraya aún más esta idea de continuidad y de ciclo que nos sugiere el multimedia.
En la relación entre Jo y Laia hay autentica complicidad. En su testimonio podemos escuchar como Jo dice “pensar que su adicción es repugnante” y que ese es el motivo por el cual nunca ha hablado a nadie de ello, ni siquiera a su pareja. Laia ha sido testimonio de su rutina diaria, incluso de los momentos de crisis, los atracones y los vómitos. “He visto como días buenos se convertían en días verdaderamente malos, y a Jo comportarse en público como si todo estuviera perfectamente bien. Y ésto, de hecho es de lo que trata esta enfermedad: de pretender que todo está bien cuando no lo está. La normalidad aparente es lo que hace de la bulimia uno de los trastornos más difíciles de diagnosticar y es lo que la convierte en un devastador verdugo de chicas adolescentes y jóvenes adultos por todo el mundo”.



La relación entre la idea y la música
El multimedia debía reflejar claramente esta dualidad de las fuerzas en tensión y en esa distinción la música mimetiza completamente con la intención a priori. 
LAIA: “Con Pablo Pastor, el editor de vídeo, decidimos que queríamos dos canciones que separarían el multimedia en dos piezas. La primera música tenía que crear una atmósfera de que "todo estaba bien" de que "no pasaba nada", tenía que ser una música que recordara a la música americana de los años 50 y 60, películas como Las vírgenes suicidas, música como la de The Shins, acabó incluso teniendo un punto country. Buscamos un poco ese punto de superficialidad de las mujeres que aparentaban que todo estaba bien. Luego había una segunda parte más dramática. Pablo me hizo escuchar una canción de una ex compañera de Fabrica que era muy vocal, muy gutural. El tenía mucho interés en que la segunda parte fuera muy intensa y muy agresiva en ese sentido y a mí no me daba ningún miedo experimental con el sonido
De acuerdo en este punto le hicieron llegar a Francesco Novara, el compositor y diseñador de sonido, las fotografías y un proto-montaje de lo que luego sería el multimedia. “Le explicamos la idea a desarrollar y empezó el trabajo colaborativo. Francesco nunca estudió música pero ha aprendido a tocar muchos instrumentos de manera autodidacta, y trabaja, sobre todo, el diseño musical en el teclado recreando los sonidos de los diferentes instrumentos por ordenador. Normalmente trabaja con otros directores, para audiovisuales, multimedia, eventos, etcétera. Le contamos la historia y lo que queríamos y lo captó muy rápido”.
La realización del multimedia fue fruto de un trabajo en equipo donde el talento del conjunto ha trascendido en el resultado final
“El tema de la primera canción era demasiado lineal, pero luego cuando ya tuvimos más avanzada la edición del vídeo y de las fotos conseguimos que hiciera las inflexiones que estábamos buscando, que creara momentos de tensión, que introdujera estos puntos que necesitábamos”.
La aportación de Laia no se limitó a la dirección y la captura de imágenes y sonido. 
“Luego fue muy curioso porque para la música de la segunda parte del multimedia pude trabajar con mi propia voz, y fue una experiencia muy divertida, porque tu cantas, y luego los sonidos que creas Francesco los mete dentro del teclado y los introduce de otras maneras. Me hicieron suspirar, gemir… todo para crear una atmósfera de angustia. Los dos juntos creamos los sonidos, y luego él lo diseñó magníficamente en esta segunda pieza” En cuanto al registro sonoro del multimedia, hace especial hincapié en el especial interés que despertó en ella la voz de Jo “ ella tiene una voz muy especial y creo que eso es un poco la clave del reportaje y del multimedia. En cualquier caso, el registro de su voz era lo que más me interesaba.”
No todo el mundo dentro del ámbito del reporterismo gráfico ve con buenos ojos el uso del formato multimedia, especialmente el uso de la música, en este sentido Laia nos explica que  “Hay gente que ha criticado que la música sea tan presente, porque hay todo ese discurso de que influencia mucho, y de que muchas veces hay un uso de ella arbitrario o se usa en exceso, todo el tiempo sin dejar pausas. En A Bad Day hay momentos de silencio que son muy importantes, y que forman parte de la música, o de la no música. Al principio sobre todo la música está muy presente, pero es totalmente intencionado, quería que fuera muy consumible, muy ameno, que entrara muy bien, y por eso la musicalidad es tan evidente. Nuestra intención era crear esa atmósfera de levedad, de "todo va bien" de "ésto es una película"
Puede decirse que en este trabajo la forma está al servicio del mensaje: la historia de Jo a través de la experiencia multimedia que nos proponen Laia Abril, Pablo Pastor y Francesco Novara.

La relación entre la idea y la forma 
El trabajo principal de Pablo Pastor fue poner orden a la intensa creatividad de Laia. 
PABLO:“Ese fue un tema que hubo que trabajar, no sólo porque ella quería poner toda la entrevista que duraba dos horas, sino porque también quería poner todas las fotos”.  
Estar apegada al personaje y al conflicto puede acarrear problemas de forma y es trabajo del editor mantener la historia anclada a la audiencia.  “La primera fase fue editar la entrevista (de las dos horas de material Pablo hizo un primer corte dejando 20 minutos de material), y lo que solemos hacer en estos casos es una transcripción detallada de la entrevista donde se encuentran frases que pueden llegar a servir para transmitir los mensajes que uno quiere, y la verdad es que no hubo que editar mucho, simplemente aislar y generar pausas, para que la gente justamente se quedara pensando en algunas cosas, que tal vez yo había dicho al pasar, y eso fue lo interesante, generar las pausas”. 
La perspectiva de Pablo Pastor, un periodista muy enfocado al audiovisual, consiguió a través de la gramática del montaje cinematográfico potenciar los momentos que ella había sabido aislar como periodista muy enfocada a la fotografía “Yo creo que ella como fotógrafa tenía muy claro cómo crear ciertos momentos, donde lo visual o lo sonoro fuera lo fuerte. Plantear un mensaje. Pero las pausas sí que son un aporte muy del audiovisual, porque tal vez no hay pausas en fotografía más que el tiempo de lectura, donde la pausa viene dada por no verlo en todo caso. Así que fue una distancia interesante”.
Filtrado el material, determinadas las pausas a respetar, la historia marcó el orden de las cosas y la musicalidad del ritmo. El diálogo entre la voz de Jo, la música y el sonido ambiente, crearon la sensación de continuidad narrativa: “Después de encontrar esas frases pensamos cómo ordenarlo para cumplir con el plan que ella tenía que era arrancar con una sensación de vida cotidiana, para luego entrar en la profundidad, como una forma también de generar identificación”.
Es interesante también observar cómo ha sido escogida la música para cada una de las partes del multimedia y el propio proceso de síntesis que en este ámbito se ha producido. Pablo Pastor nos cuenta sobre como determinaron el uso del sonido y de la música en la edición de A Bad Day: “Ella hizo la propuesta de arrancar con una música vintage, como de los años 50, que recordara vagamente a lo que escuchaban sus padres, o sus abuelos. Yo en ese momento suelo más bien escuchar, porque creo que me tengo que convertirme en un técnico a secas al principio sobre todo para entender que quieren, y luego tal vez proponer soluciones más concretas. Además porque cuando uno trabaja con directores que no vienen el mundo del audiovisual, como en éste caso, a menudo ve como quedan o maravillados o sobrecogidos por la cantidad de opciones que habría, des de los efectos hasta la forma de aplicar tipografías. La música... Éste efecto transformador de la música, fue demasiado fuerte para ella tal vez por no estar acostumbrada, así que creo que eso fue toda una fase;  la de oír, para ver qué quería decir y luego, encontrar una solución”
Escuchar, primero a Jo en el recorrido de su día a día, luego al metraje que quedó de esa experiencia, luego a la mimesis de la música y los efectos de sonido con la narración. Escuchar todas las partes fue fundamental en el proceso.
“Estuvimos luego mucho tiempo discutiendo el orden de las fotos, pero la verdad que en cuanto ya estaba planteado el orden del texto casi que venía de la mano. Creo que eso es un mérito del vídeo, que todo parte de un mensaje. Quiero decir, no es que haya salido alguna foto bien o que en la entrevista la chica haya dicho algo maravilloso y se aprovechara el material de alguna manera… hicimos el multimedia porque verdaderamente había un mensaje detrás, y todo se ordenó para poder comunicarlo”.




[1] Spit up, suck down, contemporary photography to debate, curated by ellen james ; Collegium Artisticum, Sarajevo, 2012 <http://www.ellenjames.net/index.php/sarajevo/day-3>
[2] A Bad Day by Laia abril, www.fotovisura.com publicado el 02/04/13 < http://www.fotovisura.com/user/laiaabril/view/chaper-one-a-bad-day>

viernes, 20 de junio de 2014

El instante decisivo después de Google


¿Dónde pasa a residir, entonces, el mérito de la creación? La respuesta parece simple: en la capacidad de dotar a la imagen de intención y de sentido, en hacer la imagen significativa. En definitiva, el mérito estará en que seamos capaces de expresar un concepto, en que tengamos algo interesante que decir y sepamos vehiculizarlo.

Joan Fontcuberta, From Here On.


Robado del facebook que Olmo Gonzalez Moriana

















"La imagen –decía Godard– no pertenece a quien la hace sino a quien la utiliza[1]”. La masificación de imágenes hace que la apropiación parezca “natural”. Tan natural y tan extendida que incluso queda desprovista de radicalidad crítica y de espíritu de transgresión. Es un gesto espontáneo que llegamos a hacer sin darnos cuenta: las imágenes están demasiado fácilmente al alcance de nuestra mano. El ecosistema icónico nos fuerza al reciclaje y al remix.
La misión de los creadores puede entonces también consistir en restablecer un nuevo orden. “Disponemos de suficientes elementos para afirmar que existen catálogos y catálogos: unos nos dicen que el mundo es repetitivo; los otros, que siempre es sorprendentemente distinto.(…) Los criterios de verdad han cambiado: a lo real se opone lo virtual, a una verdad de hechos se opone una verdad de experiencias. Otras instancias también son distintas: a la memoria se opone la comunicación, a la representación se opone la conectividad. Y respecto al tiempo, los instantes decisivos se oponen a los indecisivos.[2]
El registro ya no está reservado a lo extraordinario, y cuando lo extraordinario ocurre queda sepultado por el magma inconmensurable de lo ordinario. “En el reino de la banalidad, los momentos extraordinarios quedan eclipsados”[3].
Las premisas aquí interpelan la gestión de la bulimia y del consiguiente empacho de imágenes. En contrapartida, que hoy sobren imágenes nos obliga también a reflexionar sobre las imágenes que faltan, sobre los déficits significativos: “las imágenes que nunca han existido, las que han existido pero ya no están disponibles, las que se han enfrentado a obstáculos insalvables por existir, las que nuestra memoria colectiva no ha conservado, las que han sido prohibidas o censuradas… Pero en cualquier caso, exceso y acceso siguen marcando la agenda de la cultura visual postfotográfica”.[4]
El valor de creación más determinante no consiste en fabricar imágenes nuevas, sino en saber gestionar su función, sean nuevas o viejas. Con lo cual, la autoría –la artisticidad– ya no radica en el acto físico de la producción, sino en el acto intelectual de la prescripción de los valores que puedan contener o que puedan acoger, valores que subyacen o que les han sido proyectados.

UNA APROXIMACIÓN A LA IDEA DE COMUNICACIÓN MULTIMEDIA
El origen etimológico latino (“multi –‘numeroso’ y ‘media’ plural de médium: ‘medios’, ‘intermediarios’) da claras pistas de su significado esencial: multimedia es aquello que se expresa, transmite o percibe a través de varios medios. El Cambridge International Dictionary define el término como “el uso de una combinación de imágenes estáticas y móviles, sonido, música y palabras, especialmente en ordenadores o entretenimiento”.[5] Esta parece ser la definición más ampliamente aceptada, así, ya en 1994, Tony Feldman escribía el multimedia como “una integración sin fisuras de datos, texto, imágenes de todo tipo y sonido en un único entorno digital de información”.[6]
Un producto informativo que sólo permita acceder a un texto, a un vídeo y/o a una grabación de sonido por separado no se puede considerar propiamente un mensaje multimedia; se trata simplemente de un conglomerado desintegrado de mensajes informativos independientes, algo que, como apunta Pérez Luque, cabría designar más propiamente como many media[7]. Por resumir, las claves de lo multimedia en el plano comunicativo según Salaverría se reducirían básicamente a dos: información en multi-código y unidad comunicativa.[8]
Cuando se habla de multimedia en el ámbito de la comunicación se alude a dos realidades, por un lado a los lenguajes y por otra a los medios. En el plano de los lenguajes o plano comunicativo, el adjetivo multimedia identifica aquellos mensajes informativos transmitidos, presentados o percibidos unitariamente a través de múltiples medios. En el plano de los medios, que por concretar denominaremos plano instrumental, multimedia equivale a los “múltiples intermediarios” que pueden participar en la transmisión de un producto informativo[9], tanto si este producto es multimedia en el sentido comunicativo como si no lo es. [10]
Si bien la integración instrumental ha avanzado enormemente en los últimos años, la integración comunicativa progresa con mucha más lentitud.  Hoy en día lo más común es encontrarse con grupos empresariales de comunicación que todavía no han conseguido desarrollar productos informativos multimedia integrados en términos comunicativos.
Por unidad comunicativa entendemos la cualidad de algunos productos informativos de conformar un significado único mediante la armonización de diversos elementos informativos comunicados a través de diferentes códigos. Para alcanzar esta armonización es preciso observar, entre otras, ciertas cualidades como la no-redundancia excesiva entre los mensajes expresados a través de cada código, la complementariedad de esos mensajes hacia la consecución de un objetivo informativo común o la cesión del protagonismo a aquel código que en cada caso sea el más pertinente.
La prensa  y la televisión llevan años experimentando con formas básicas de comunicación multimedia. La diferencia en la actualidad es que las pautas que se han de desarrollar con las nuevas redes digitales ya no afectan sólo a dos códigos, como ocurría con el binomio de “texto-imagen” en la prensa y con el de “imagen-sonido” en la televisión y en el cine. La tecnología digital ha puesto sobre la mesa el reto de desarrollar nuevos lenguajes informativos que permitan integrar adecuadamente múltiples códigos (texto, imagen, sonido, y recientemente, el data visualization). En este sentido, coincidimos con Xosé López cuando señalaba que en el cambio de siglo uno de los principales desafíos consiste en fomentar la innovación con los lenguajes y los productos para descubrir nuevas formas de contar historias, permitir la interactividad con calidad mediante nuevas herramientas y en nuevos soportes.[11]
En su libro Sobre la música, reflexiones alrededor de la música y el audiovisual, Jaume Radigales también reflexiona sobre la composición ‘nueva’ en palabras que bien podrían aplicarse a la composición de nuevos textos multimedia por parte del periodista. Radigales se refiere a la búsqueda de una música ‘nueva’ basada en la búsqueda de la objetividad desarrollada por Adorno Y Eisler. No se trata de una objetividad hueca, o que esta implique un distancia emocional por parte del compositor – o del periodista – sino de “escoger conscientemente la actitud necesaria en cada circunstancia, en lugar de incurrir en clichés. (…) El material musical ha de adaptarse exactamente a las tareas musicales que se impongan en cada caso”[12], del mismo modo que las herramientas para el uso de la construcción de un multimedia deben adaptarse a la tarea periodística impuesta por cada historia en particular.
“Precisamente”، prosigue Radigales، “el aspecto artístico enfrontado al maquinístico, reivindicado por Adorno y Eisler, los hace remitir a la forma sonata, bitemática, que ha imperado a lo largo de las composiciones musicales durante casi 300 años. Para Adorno y Eisler, las breves composiciones que integran la totalidad de la partitura cinematográfica han de mantener la forma sonata des del punto de vista estructura (y no tanto tonal), por tal de evitar la excesiva fragmentación que podría llevarnos a una composición poti-pourri. Así mismo, la forma sonata como eje esquemático matriz permitirá alejarse del modelo de música incidental, de comentario, de elementos excesivamente poetizante, que serían un lastre para las funciones de la música respecto a la imagen”.[13]
Anteriormente hemos desarrollado la idea de cosmopolitismo imaginario. David Casacuberta, en su libro Creación colectiva. En Internet el creador es el público nos advierte de lo que él denomina falsas revoluciones que serían el multimedia, la interactividad, el hipertexto, la anarquía digital, el escapismo, la velocidad y la desterritorialización[14]. Según Casacuberta hay varias confusiones “La primera y más central es confundir la cultura con sus soportes, la segunda es suponer que los medios digitales son inmutables y la tercera es olvidar la historia que, como dijo Santayana, los que los hacen están obligados a repetirla”.
Casacuberta arremete contra aquellos que definen la cultura digital exclusivamente en base a su relación con la tecnología argumentando que según dichos parámetros, cualquier cosas hecha con un ordenador se convierte en cultura digital. Y no es el caso. “Lo peor” prosigue Casacuberta “ es que entonces los analistas quieren extraer información de donde no la hay, y así empiezan a hablar de los ceros y unos, de JODI, pensando que están diciendo algo informativo, aunque que sea tan pobre como decir: las vocales y las consonantes de las obras de Cortázar”. [15]
Para cubrir esta brecha informativa, Casacuberta propone al término ‘cultura digital’ la siguiente definición: “Por ‘cultura digital’ queremos decir algo más que “cosa hecha con un ordenador”, estamos también apuntando a una forma concreta de tratar el material, a un estado mental y determinado en la forma en que el creador construye su producto y el público interactúa con él”[16]
Asa Briggs y Peter Burke coinciden en esta misma línea de pensamiento y en el libro De Gutenberg a Internet añaden “La formidable capacidad de la tecnología de base informática para presentar todos los problemas de información en forma digital, procesarlos, transmitirlos, comprimirlos y almacenarlos, tendió a desplazar la atención del público del tipo de información que se transmite –su contenido- a la capacidad para representarla mediante la informática en forma digital como ceros y uno… En adelante, el contenido no determinará los modos de transmisión.”[17]
Volvamos pues, a las falsas revoluciones de Casacuberta. El autor plantea muchos ejemplos de comunicación multimedia pre-digital que pueden englobarse bajo una misma premisa “la idea de mezclar imágenes reales, animaciones y sonido, es tan vieja como el cine. El hecho de que en un videoclip de los Chemical Brothers aparezcan esqueletos bailando creados digitalmente no significa que animar esqueletos sea algo posible sólo gracias a los ordenadores. Ray Harrihausen había hecho lo mismo en 1957 en su película El séptimo viaje de Simbad, con un recurso nada digital pero sí muy poderoso de la animación: el stop-motion”[18].




El séptimo viaje de SimbadRay Harrihausen (1957)


[1] Jean Luc Godard en la rueda de prensa de presentación de Notre Musique en el Festival de Cannes 2004
[2] FONTCUBERTA, From Here On, Instantes indecisivos, Ibid 124
[3] Ibid
[4] Ibid Epílogo p.126
[5] Cambridge International Dictionary (Online) (2000): Cambridge: Cambridge University Press. http://dictionary.cambridge.org/define.asp?key =multimedia*1%2B0.
[6] FELDMAN, Tony, Multimedia, Londres, Blueprint,1994 p. 4
[7] PEREZ LUQUE, María José, El periodismo y las nuevas tecnologías, Pamplona, Newbook Ediciones,1997,  p.198
[8] SALAVERRÍA, Ramón, Aproximación al concepto de multimedia desde los planos comunicativo e instrumental, Universidad de Navarra, 2001 <http://hdl.handle.net/10171/5068>
[9] XIE, Geoffrey, "Introduction to multimedia" documento online <http://faculty.nps.edu/xie/cs3202/notes_html/tsld001.htm>
[10] SALAVERRÍA, Ibid
[11] LÓPEZ, Xosé, Nuevos soportes para un periodismo necesitado de reflexión crítica, en Revista Latina de Comunicación Social, núm. 31 La Laguna, Tenerife, 2000 <http://www.ull.es/publicaciones/latina/aa2000kjl/z31jl/83xose.htm>
[12] ADORNO, Theodor, EISLER, Hanns, El cine y la música, Fundamentos, Madrid, 1981 p. 52 citado en Jaume Radigales, Sobre la música, Reflexions a l’entorn de la música i l’audiovisual. , Barcelona, Tripodos, 2002 p.137
[13] RADIGALES, Jaume, Sobre la música, Ibid
[14] CASACUBERTA, David, Creación colectiva. En Internet el creador es el público. Barcelona, Gedisa, 2003 p. 42
[15] Ibid p. 43
[16] Ibid
[17] BRIGGS, Asa,  BURKE, Peter, De Gutenberg a Internet. Una historia social de los medios de comunicación, Madrid,Taurus, 2002 p. 301
[18] CASACUBERTA Ibid p. 45

lunes, 27 de enero de 2014

Pornografía de la imagen II: Noche y Niebla vs Shoah. La forma contra el archivo.


















La idea embrionaria de este texto y la mayoría de entradas que se etiquetarán como "ensayo" se esconde detrás de la necesidad del uso de la música en procesos comunicativos en los que se quiere comunicar una determinada verdad irrepresentable. Es una intuición que empezó después de realizar un trabajo comparativo entre los films Shoah (1985) de Claude Lanzmann y Nuit et Brouillard (1955) de Alain Resnais porque la desproporción de una frente al equilibrio de la otra, pero sobre todo, el intento de negación de la música por parte de Lanzmann indicaban que todo era una cuestión de diálogo y que la música, la forma, y el ritmo jugaban un papel fundamental.
Lanzmann con el documental Shoah busca agotar las posibilidades del registro y se sirve exclusivamente de los recursos de la prensa para informarse: busca la fuente y sistemáticamente entrevista (registra) a todos los supervivientes de los campos de concentración. El resultado es un vasto archivo, un catálogo inconmensurable: aproximadamente unas diez horas de documental sin banda sonora y sin imágenes de archivo, con los testimonios de Lanzmann desmoronándose continuamente ante la cámara.
Como ya nos advertía Jankélévitch y como podemos leer en la entrevista a Simon Srebnik, uno de los dos únicos supervivientes del campo de Chelmno “El hombre es un animal hablante y, secundariamente, un animal que canta[1]”. Simon Srebnik, abre el documental y vuelve a cantar para la cámara.  Tenía trece años cuando ingresó en Chelmno, nos cuenta que entre muchas de sus tareas debía cantar para los guardias y recrea la situación para Lanzmann décadas después.
Antagónicamente, en Nuit et Brouillard, Alain Resnais para explicar lo inexplicable utiliza diferentes recursos integrados en lo que considero un multimedia, muy equilibrado y eficiente en términos de forma y de diseño. La música de Hanns Eisler, los textos de Jean Cayrol y el montaje concebido principalmente a partir de imágenes de archivo editado por Anne Sarraute, componen un multimedia la estructura del cual recuerda a la forma sonata. (Obertura – exposición – re exposición – coda final) siendo la distancia establecida entre presente y pasado la manera de exponer y re exponer el tema: nuestra distancia sobre el sistema de los campos de concentración Nazis.
En su obra La música y lo inefable, Vladimir Jankélévitch escribe: “En una sonata donde no hay (sino metafóricamente) “ideas” a desarrollar, la“reexposición” no es una repetición, antes al contrario, es el principio de un orden (…) Re exponer un tema significa conferirle una luz y un sentido nuevos[2]
Cada uno de los lenguajes se rige por su propia narrativa y representa la voz, casi se puede decir la firma, de los respectivos autores. Su manera de romper un silencio incómodo bajo la premisa de un rigor hecho a voluntad.

Las voces de Nuit et Brouillard
El proyecto fue gestado por Henri Michel y Olga Wormser, fundadores del Comité d`Histoire de la Deuxième Guerre Mondiale. Luego de publicar Tragédie de la deportation, 1940-1945, en 1954, donde describían la deportación de ciudadanos franceses, decidieron continuar con su labor de divulgación a través de la realización de un film documental. Asesorados por el productor Anatole Dauman, convocaron a Alain Resnais para la dirección, quien ya gozaba de cierto prestigio en el ámbito documental. Sin embargo, durante el proceso de realización, Resnais cuestionaba su posibilidad de llevar a cabo la tarea. Necesitaba la intervención de un participante directo para sentir legitimada su aspiración a realizar un film sobre esa temática.
El rastreo de material de archivo le permitió a Resnais acceder a imágenes filmadas por los aliados, principalmente por el ejército británico, en el momento de liberación de los campos. La visión obsesiva de estas imágenes, lo impulsó a modificar su propósito inicial. No quiso atenerse al trabajo con ellas, sino que se interesó por los resabios que los campos tenían en su presente. Para dar forma a Nuit et Brouillard se complementaron los registros existentes con planos contemporáneos de Maïdanek y Auschwitz.
El guión se escribió después de estudiar minuciosamente tanto el material de archivo como el registrado por Resnais en Polonia. El montaje definitivo se concluyó una vez Cayrol finalizó el texto, para lograr articular la banda sonora con las imágenes de las que disponían.
Entre las consecuencias del trabajo realizado se encuentra, en primer lugar, el quiebre del silencio instalado en torno a la problemática de los campos, pero también una idea de orquestación de materiales y herramientas que Godard llevará al extremo con sus Histoire(s) du cinema y cine de ensayo basado en el collage realizado esencialmente a partir de citas.
Del mismo modo en que Resnais deliberadamente hizo uso de metraje histórico para insistir en la veracidad del Holocausto y construir una suerte de memoria fílmica, en la misma línea también fue deliberada la elección de sus colaboradores. Jean Cayrol, prisionero en Mathaussen y autor del volumen de poesías titulado Poèmes de la nuit et brouillard  escribiría el texto. Resnais proponía a Cayrol la escritura del guión a principios de 1955 y luego de que Cayrol aceptara se realizó un primer visionado del montaje inicial que turbó mucho a Jean Cayrol y rehusó ver el montaje de nuevo hasta que tubo finalizado el texto, en lugar de eso se basó en el recuerdo de ese primer visionado y más tarde, los asistentes de Resnais reestructuraron la pieza para que coincidiera con la secuencia de vídeo. [3]
Con el texto y el montaje completos, Resnais se dirigió a Hanss Eisler, teórico, compositor y refugiado alemán exiliado al contemplar la ascensión de Hitler al poder, para la creación de la banda sonora.
Desde su estreno en 1955, como bien apunta Amy Lynn Wlodarski en su artículo The sounds of Memory: German Musical Representations of the Holocaust, 1945-1965[4], la mayoría de estudios sobre Nuit et Brouillard han considerado, por encima de todo, el contenido político del texto de Cayrol y el modo en que el montaje visual de Resnais aproxima la memoria; sin embargo, el rol de la música compuesta por Eisler ha sido prácticamente ignorado con algunas excepciones como el texto de Wlodarski y los artículos de Albrecht Dümling (1998) y Berthold Hoeckner (2005)[5]. La inmensa mayoría de musicólogos e historiadores del cine no han considerado a penas el papel de la música en Nuit et Brouillard y por tanto, según Wlodarski han fallado en considerar de qué modo su voz contribuye al potencial narrativo del film.
La idea de la música de Eisler llegó a Resnais de la mano de su entonces asistente Chris Marker, el cual le prestó algunos de sus discos de música para cine. A pesar no haber escuchado previamente ninguna de sus composiciones, Resnais conocía la obra de Eisler Composing for the Films (1947)[6] y después de realizar una primera escucha sobre Woman on the Beach resultó enormemente interesado por el compositor de Alemania del Este. Además de la vasta experiencia de Eisler en composición de música para cine, Resnais también tubo razones políticas para invitar a Eisler a trabajar en el documental; sentía que el colaborar con un compositor alemán alejaría el prejuicio de que Nuit et Brouillard era una pieza de propaganda anti germánica.
El 18 de octubre de 1955 un comunicado de Argos Films Paris solicitaba formalmente la participación de Eisler en el proyecto y describía brevemente la propuesta del film[7].  Ocho días más tarde Eisler respondía a Resnais con un breve telegrama: 
“Buen día. 
Voy. 
Eisler”.  
El entonces joven director Resnais devolvió el telegrama con suma rapidez emocionado con la perspectiva de trabajar con Eisler.[8]
A su vez, el clima de tensión en la Akademie der Künst estaba a punto de estallar contra Eisler. En 1947 Arnold Schoenberg, maestro de Eisler, escribió una cantata llamada Survivor from Warsaw. En 1949 Eisler escribía en un ensayo en el que alababa Survivor por su coraje en aproximarse a la realidad mediante la música[9]. Ese fue el inicio de una serie de refriegas que culminarían con la humillación de Eisler por parte de la Akademie der Künste y su inevitable distanciamiento.
En noviembre de 1955, en un momento delicado a nivel profesional para el compositor –recientemente se había separado de su primera esposa Lou[10]  , Eisler viajó a Paris en tren, a su llegada, Resnais llevó a Eisler de cabeza al estudio para el visionado del montaje final de Nuit et Brouillard. Resnais nunca mencionó el haber mandado a Eisler ninguna descripción del formato final de su trabajo, el cual siguió en producción durante todo el mes de noviembre, y remarcó como un hecho curioso que Eisler nunca hubiera reclamado más información sobre el film. Tal y como lo recuerda Resnais, Eisler llegó a París, vio el film, y empezó a trabajar en la banda sonora[11]. De acuerdo a las palabras de Richard Rasking, Eisler tardó dos semanas en componer la música para Nuit et Brouillard. Wlodarski ha recuperado los borradores de Eisler para Nuit et Brouillard y ha identificado en ellos quince piezas cortas anotadas para una orquesta de cámara de treinta y dos miembros, que Eisler diseñó en relación al montaje[12], la familiaridad de Eisler con el montaje visual durante su fase compositiva está documentada en varias anotaciones que aparecen al inicio de los borradores y en las puntuaciones de la partitura. En varios casos Eisler anota la duración de diferentes secuencias en los borradores, y en dos ocasiones substituye los movimientos con subtítulos que remiten al contenido visual del film. Según ha observado Wlodarski es en la composición número 2 ‘Auschwitz' y la número 10 ‘Her Himmler’.
Una vez finalizada la composición, Eisler se centró en los ensayos con la orquesta y la grabación de la partitura. Resnais informó de que la partitura para Nuit et Brouillard sorprendió a los técnicos por no utilizar de pleno el rango dinámico y expresivo de una formación de 32 instrumentistas[13].
En las escenas en las que no hay un contexto militar evidente, Eisler prefiere el uso de dinámicas más suaves: solos de instrumentos, pequeños dúos y tríos. También evita el uso de la trompeta y del tambor miliar. Resnais más tarde describió el impacto de ese momento en su propio entender la música en el cine “Eisler me enseñó como uno evita el pleonasmo musical en una película (…) Él demostró cómo se puede usar la música para crear un segundo nivel de percepción – algo adicional, antitético. Cómo se pueden fijar los momentos más dramáticos de una película en una simple música que en un principio resulta totalmente ajena(…) y eso causaría que los ojos no quedaran hechizados (…) Fue un medio para crear un equilibrio entre lo que la audiencia oye y ve”[14]
La banda sonora original de Eisler complementaba el estilo de los otros narradores de Nuit et Brouillard, texto de Cayrol y el montaje de Resnais.
Según Wlodarski a los eruditos del cine les estresa el papel que juega la distancia en la narración del film, precisamente porque el cine representa la acción que ocurre frente a la cámara a una audiencia alejada del tema por el tiempo, la ubicación y el medio. Christian Metz y Canja Silverman argumentan que la manera en que un director ordena, presenta y anota sus secuencias afecta, más que las imágenes mismas, como el espectador recibe y comprende la narrativa del film[15]. Metz y Silverman afirman que el material visual del film per se no constituye un significado en si mismo, y que las verdaderas herramientas de significación existen en la manera en que las imágenes son combinadas y procesadas[16].




[1] Vladimir Jankélévitch, La música y lo inefable. Alpha Decay, 2005 p 41
[2] Jankélévitch, Ibíd p 66
[3] RASKIN, Richard, Nuit et Brouillard: On the Making, Reception, and Functions of a Major Documentary Film, Dinamarca, Aarhus University Press, 1987, p. 29
[4] WLODARSKI, Amy Lee, The sounds of Memory: German Musical Representations of the Holocaust, 1945-1965, New York, Universidad de Rochester, 2005, p. 116 < http://hdl.handle.net/1802/17021>
[5] citado en WLODARSKI p. 116
[6] RESNAIS, Alain  Für Hanns Eisler,en Sinn und form: Sonderheft Hanns Eisler. Berlin, 1964.  p. 372 citado en WLODARSKI
[7] “Tenemos el honor de informarles de que nuestra compañía está produciendo un film histórico sobre el sistema de los campos de concentración Nazis dirigido por Alain Resnais (…)  Hemos rodado unos 700metros de película en un período de tres semanas en Polonia, en los campos de Auschwitz y Maidaneck. Incorporaremos estas secuencias filmaciones cedidos por varios institutos europeos que albergan documentos sobre crímenes de guerra. El asombroso trabajo que esperamos lograr tiene el apoyo unánime de la comunidad de personas deportadas (Federación de Deportados). A petición del director, solicitamos acepte componer una la banda sonora original para el film” Comunicado de Argos Films (Paris) a Hanns Eisler, 18 de octubre de 1955, Stiftung der Akademie der Künste (SAdK) Berlín, Hanns-Eisler-Archiv (HEA), nº 5885 citado en WLODARSKI
[8] Ibíd RESNAIS, Für Hanns Eisler, p. 372
[9] EISLER, Hanns, Mein Leher Arnold Shoenberg (1949) SAdK, Berlin, HEA, Nº 2521
[10] HASLAM CALICO, Joy, The Politics of Opera in German Democratic Republic, 1945 -1961. Ph.D. diss,. Duke University, 1999
[11] Ibíd RASKIN, Nuit et Brouillard, p. 29
[12] Ibíd WLODARSKi p.125
[13] Ibíd RESNAIS, Für Hanns Eisler , p. 373
[14] Ibíd RESNAIS, “Für Hanns Eisler” , p. 373
[15] WOLLEN, Peter, Signs and Meanings in the Cinema, citado en Wlodarski p. 127
[16] SILVERMAN, Kaja, A Semiotics of the Cinema. Chicago University Press, 1991; METZ Christian Language and Cinema, The Hauge, Mouton, 1974

jueves, 16 de enero de 2014

Sobre la seducción (la idea de repetición, de memoria y de seducción en las formas musicales)


Para Walter Benjamin, el artista moderno era una especie de trapero que acumulaba y seleccionaba desechos para darles forma y sentido nuevos. En el mundo caracterizado por la saturación icónica que describe Fontcuberta, podemos observar también como muchos artistas han reiniciado – y hasta un cierto punto han puesto de moda – el hecho de aplicar estrategias de recolección y seriación de imágenes para llevar a cabo lo que podría justamente denominarse una “obra-colección”. Artistas que, según Fontcuberta, por un lado constatan que mucho de cualquier cosa, es interesante; y, por otro, que aplicar criterios de clasificación a la diversidad de un “archivo” representa otra forma eficaz de construir sentido[1].
En sus reflexiones a propósito de la exposición Obra-Colección. El artista como coleccionista[2], Fontcuberta expone la idea de que la pulsión de coleccionar y la estructura de la colección cobra así naturaleza de poética artística. En un ensayo sobre su trabajo, Umberto Eco la calificaba de “poética de la enumeración o del catálogo” que se contrapondría a una “poética de la forma acabada”. Para Eco, “la ‘poética del catálogo’ es una característica de los tiempos de duda respecto a la forma y naturaleza del mundo, en oposición a la ‘poética de la forma’ acabada, típica de los momentos de certidumbre sobre nuestra identidad”[3].
La misión de los creadores puede entonces también consistir en restablecer un nuevo orden. “Disponemos de suficientes elementos para afirmar que existen catálogos y catálogos: unos nos dicen que el mundo es repetitivo; los otros, que siempre es sorprendentemente distinto”[4].
Ahondamos en la idea de repetición en relacional a la música y a la musicalidad de la mano de Vladimir Jankélévitch, nuestro autor de referencia en lo que se refiere a la inefabilidad de la música. En un desarrollo significativo no musical, escribe Jankélévitch, lo que se ha dicho no debe repetirse; en música y en poesía, en cambio, “lo que se ha dicho queda todavía por decir y por decir, e incansable e inagotablemente por repetir. Callarse, en ese dominio, con el pretexto de "todo esta dicho" es un sofisma sustencialista y cuantitativo: seria como rechazar escribir un poema sobre el amor porque el tema ya ha sido tratado”[5].
¿Que periodista va a decidir callarse ante el hambre? ¿O ante la guerra?. Por mucho que las nuevas tecnologías hayan empujado a la sociedad hacia una transformación de la figura de su prescriptor de consciencia, los viejos temas siguen siendo los mismos en la nueva profesión. El periodista, más que venirse a bajo ante el bombardeo de mensajes con el que contraataca el ejercito de nuevos informadores en el que se han convertido la ciudadanía. Debe recluirse en su rol de analista de la realidad y de buen narrador y ver en la repetición musical el camino que ha llevado a otros creadores a hacer que su canción de amor favorita sea tu canción favorita entre todas las canciones de amor. 
La repetición que propone la forma sonata recrea. “Recrear”, afirma Jankélévitch “en este caso, es crear, lo mismo que rehacer es hacer, o que recomenzar es comenzar, siendo la segunda vez tan inicial como la primera, y la reexposición tanto como la exposición”[6].
Si para Jankélévitch una sonata es aquella forma donde no hay (sino metafóricamente) "ideas" a desarrollar, la reexpedición no es una repetición, antes al contrario, es el principio de un orden. Es una cuestión de diseño. Del mismo modo en que la armonía y regularidad en tipografía Helvetica supuso una revolución en su perfecta adaptación y adaptabildad hacia las necesidades de comunicación de los diseñadores y los creativos europeos y norteamericanos a finales de los años sesenta, las características de la forma sonata (dejando la tonalidad al margen) se nos revelan como adecuadas para la construcción del mensaje periodístico en el formato multimedia. “La forma se nos hace sensible por la regularidad cadencial, que ofrece una ilusión de simetría, del sistema cerrado y del circuito. Reexponer un tema, significa conferirle una luz y un sentido nuevos”[7]
En julio de 2003, el suplemento El cultural del diario El Mundo publicaba un texto titulado La fotografía, breve suma, en el que Susan Sontag relacionaba con catorce premisas la fotografía y su interpretación con la condición de modernidad, que no de postmodernidad. La premisa que la cerraría si se hubiera tratado de un decálogo constata que “conocer es, sobretodo, reconocer”[8].
¿Hemos de reconocer – en un sentido vivencial – la guerra para entender su representación? No. Hemos de reconocer la pérdida, el miedo, el desconcierto, el luto, la resistencia… pero sobre todo, el triunfo, el fracaso y la derrota. Todos aquellos aspectos que un individuo puede reconocer – en un sentido vivencial –a pesar de no tener en su recuerdo una experiencia directa[9].
Volviendo al terreno de lo musical, pero aún en relación al diseño de información, podemos añadir que "con independencia de todo recuerdo concreto, el puro hecho de la sucesión y de la preterición, en otras palabras, el desnudo ser pasado del pasado, impediría ya a lo mismo el seguir siendo exactamente lo mismo. Este condicionamiento infinito adquiere, en el devenir, la forma de la alteración continua. Es por ello – insiste Jankélévitch, que el da capo supone una arrebatadora sorpresa, porque el tema sólo revela todo su significado cuando es reconocido." La reexposición según Jankélévitch activa en nosotros una suerte de reminiscencia. "Volver a oír y volver a tocar son un método de descubrir infinitas relaciones nuevas, correspondencias sutiles, bellezas secretas e intenciones ocultas[10]”.
Hecho el recorrido propuesto por Jankélévitch podemos concluir que , “si toda esa riqueza es recibida cada vez como un efecto en conjunto y con una emoción simple, esa misma emoción , con el paso del tiempo, cambia incesantemente de color”[11].



[1] Fontcuberta. Conferencia "La furia de las imágenes" https://soundcloud.com/marta-delatte/postfotografia
[2] Fontcuberta, From Here On. La obra colección p.122
[3] Umberto Eco, “Sobre Arman”, en Arman, Galerie National du Jeu de Paume, París, y Fundació la Caixa, Barcelona, 2001.
[4] Umberto Eco, op.cit.
[5] Vladimir Jankélévitch, La música y lo inefable. Alpha Decay, 2005 Pag 51
[6] Ibíd
[7] Ibid pag 51-52
[8] El Cultural, El Mundo (10 Julio de 2003)
[9] Marta Delatte, Proposta ètica per al conflicte de la representació de la guerra en la era digital. Trípodos pag 140.
[10] Jankélévitch. Ibíd Pag 52
[11] Ibíd pag 53